Globalización y autogestión
es una Ponencia presentada por el miembro de la RED VASCA ROJA Antxon Mendizabal en el Seminario Internacional "Trabalho e Economia Solidária" en la Universidad Federal de Río Grande do Sul. En Porto Alegre (Brasil) el 22 de Noviembre de 2000.
GLOBALIZACION Y AUTOGESTION
Abordar el tema de la globalización y de la autogestión exige previamente dilucidar una serie de premisas teóricas.
Las premisas teóricas
Cuando hablamos de la autogestión hay que considerar dos niveles. A nivel de la unidad productiva la autogestión se identifica con la cooperación, o en su concepción más amplia con la economía social. A nivel de la articulación de las unidades productivas y del conjunto social, la autogestión se identifica con la democracia social. La autogestión engloba el conjunto de los dos niveles. No obstante, cuando hacemos referencia a la autogestión en este trabajo nos referimos exclusivamente a uno de sus pilares: la autogestión en las unidades productivas; que como hemos aclarado, no es mas que un componente de la autogestión.
La esencia de las relaciones laborales en la empresa autogestionaria se modifica, adecuándose a una nueva relación, la categoría: socio-trabajador/a. Es decir, los trabajadores/as de la empresa autogestionaria son trabajadores y empresarios a la vez. La elementalidad de esta afirmación no elude la dificultad de su comprensión, durante demasiados años, por el movimiento sindical. La relación capital-trabajo imperante en las Sociedades Anónimas no desaparece en la empresa autogestionaria, sino que se mantiene aquí en el interior de las mismas personas; y se manifiestan tendencias diferentes. En la medida en que el socio-trabajador/ra es también empresario y se sumerge en la práctica empresarial tiene tendencia a anteponer los intereses de su empresa particular sobre cualquier otra consideración. En la medida en que el socio-trabajador/a es también trabajador/a y tiene conciencia de clase, tiene tendencia a anteponer el proyecto de transformación social y política de la sociedad. Se conforma así una dialéctica que abarca sucesivamente períodos de confluencia con otros de contradicción.
La relación entre mercado y la autogestión es explosiva. En efecto, la empresa autogestionaria es autogestionaria pero debe ser empresa y esto último es la condición material de su existencia. La necesidad de ser empresa en una economía de mercado conlleva a su vez la necesidad de implementar, al menos históricamente, la organización científica del trabajo, al objeto de garantizar su rentabilidad y supervivencia. Ahora bien la organización científica del trabajo es la magna expresión de las relaciones capitalistas de producción. Dicho de otra manera, la autogestión debe implementar la organización empresarial antiautogestionaria como condición de supervivencia de la autogestión. Ahora bien la implementación en el sistema productivo de este sistema organizacional conlleva la existencia de grupos sociales diferentes, diferenciados en su remuneración, condiciones laborales, protagonismo y cualificación. Estos diferentes grupos sociales mantienen también posiciones socio-políticas dispares respecto al proyecto autogestionario. Y sintetizando diremos que el resultado de cada experiencia cooperativa (o de economía social) es el resultado de la confrontación dialéctica, en cada caso concreto, de al menos dos líneas fundamentales.
Cuando hablamos aquí de globalización, nos estamos refiriendo a la globalización actual, es decir, a la cuarta globalización de la historia del capitalismo. En sus quinientos años de existencia el capitalismo ha estado globalizado siempre y ha reflejado, en cada fase de acumulación, una globalización que no ha sido solo económica sino también social, política, cultural, lingüística, ecológica y ética. Cada fase de globalización capitalista representa una época de opresión y exterminio atroz, que incluye sus elementos de legitimización. Esta globalización no es homogénea, e incide irregularmente en los diferentes países, áreas y continente; cuasi excluye zonas enteras; pero refleja hegemonías concretas y bases de acumulación que inciden, directa o indirectamente sobre el conjunto de las sociedades del planeta. En lo que respecta a la cuarta globalización del capitalismo, remarcaremos aquellas bases de acumulación que inciden de manera significativa sobre la evolución de la empresa autogestionaria.
Consideraremos en primer lugar el proceso de internacionalización de la producción y de los mercados. Dicho de otra manera, el paso de la economía del Estado-Nación, a la hegemonía del mercado mundial, que mediatiza a los proyectos económicos que se vehiculizan en su seno. Este proceso de hegemonización del mercado mundial se manifiesta hoy a través de la evolución multipolar de la economía mundial en, al menos tres grandes polos economico-politico-militares de dominación: el proceso de construcción europeo dirigido por Alemania, el proyecto de integración americano dirigido por Estados Unidos y el proceso integratorio asiático dirigido por Japón. Estos tres ejes mantienen una relativa distribución de la hegemonía económica y político-militar mundial, que no obstante, se mantiene hoy en lo fundamental en los Estados Unidos de América.
Consideramos en segundo lugar el nuevo paradigma tecnológico derivado de la implantación en el sistema productivo de las nuevas tecnologías derivadas de la revolución de la microelectrónica. Ello se manifiesta en el paso, en los segmentos dominantes de la producción industrial, de la producción de series largas y estandarizadas contra almacén características de la época fordista a la producción de series cortas y sofisticadas contra cliente, basadas en las nuevas tecnologías. Nos referimos al "just in time", que marca la tendencia en los segmentos dominantes de la producción industrial.
Consideramos en tercer lugar la utilización de las diferencias salariales y las diferencias socio-laborales en diferentes lugares del planeta como base de la nueva acumulación empresarial mundial. Asistimos así a una situación en que no solamente las multinacionales, sino que centenas de millares de grandes y medianas empresas abordan en este momento su proceso de internacionalización. No obstante son las empresas multinacionales los reyes del proceso y sus decisiones de inversión e implantación modelan muchas veces el nivel de empleo y tecnología de regiones y países enteros. En este contexto las multinacionales chantajean a los trabajadores/as europeos para que acepten sus reconversiones y condiciones socio-laborales puesto que en caso contrario trasladarán sus producciones a Brasil. Y chantajean a los trabajadores/as brasileños para que acepten sus más que restrictivas condiciones salariales y laborales como condición de su implantación en el país.
Los aspectos concretos
Aclaradas las premisas teóricas, trataremos de exponer las potencialidades y limitaciones de la autogestión en el contexto de la actual globalización.
La capacidad de asociación
Esta se manifiesta en la enorme vitalidad de la economía social, para implementar procesos de agrupación empresarial (federaciones empresariales, grupos comarcales, grupos sectoriales, etc.) y para la creación de servicios y entidades de cobertura que le permiten desarrollar economías de escala e iniciativas de racionalización en terrenos como la planificación, la gestión, el I + D, la especialización, la diversificación, la comercialización, la financiación, la defensa de intereses comunes, etc., superando así las limitadas posibilidades que cada unidad productiva tiene individualmente. La nueva situación exige un nuevo sujeto orgánico-logístico que por una parte esté capacitado para responder al reto de la especialización-diversificación y por otra permita vehiculizar economías de escala en los diferentes ámbitos de la vida empresarial. En nuestro caso concreto ello solo es posible a través de las diversas modalidades de asociación empresarial. Ello hace que se deba considerar aquí el "desarrollo logístico" como una base estratégica de adecuación exitosa a las exigencias de la economía de mercado y como fuente de importantes sinergias económicas y sociales. Hay que considerar que el mercado mundial exige hoy a las empresas especialización y a su vez diversificación. La pequeña empresa no puede responder al reto planteado.
La territorialidad
La territorialidad se deriva aquí de la enorme dispersión de la propiedad del capital social en esta clase de empresas, haciendo impracticable la política de trasvase territorial de producciones enteras que (por razones económicas y políticas) se ha convertido en una practica corriente del capital privado. Los trabajadores-empresarios de estas empresas son generalmente hombres y mujeres enraizados en su territorio y que a menudo militan para desarrollar su país y vivir en él. Así, contra la actual tendencia mundial a la internacionalización del capital y en consecuencia a la creación de un proletariado desterritorializado (que conlleva a la desintegración imperialista de las pequeñas nacionalidades, de las culturas diferenciadas y de las comunidades indígenas) la economía social plantea una contra-tendencia de este proceso creando un desarrollo "controlado por la base" y enraizado en una territorialidad concreta. Este desarrollo económico enraizado, autocontrolado y autosostenido es por lo tanto clave para las comunidades indígenas, para los kilombos, para las culturas diferenciadas, y para todos aquellos que quieren hacer país o cohesionar su comunidad.
El desarrollo social
El desarrollo de lo social se plantea aquí a partir de elementos inherentes a la economía social como es el hecho de que la Asamblea sea el órgano jurídico supremo, el objetivo de la apropiación de los medios de producción, la cultura de la participación social, la existencia de una mayor democracia remunerativa, la exigencia de información y de transparencia en la gestión y la importancia estratégica que toma en estas empresas la formación de los/las socios trabajadores. Ello supone la introducción progresiva de elementos de utilidad social en el nuevo desarrollo económico.
El desarrollo comunitario
El proceso de acumulación de una unidad productiva autogestionaria no solo depende de los propios trabajadores-empresarios sino que tiene un innegable carácter social que supera el ámbito de la empresa concreta (por la utilización de maquinaria y tecnología que es el resultado de un trabajo pasado; por la utilización de infraestructuras viarias y de comunicación que proceden del trabajo social; por el hecho de que en una economía de mercado los precios no corresponden a los valores, etc.). Así, las legislaciones de algunos de nuestros países recogen adecuadamente la "obligatoriedad" de vehiculizar cerca de un 10% de los excedentes a obras sociales, educativas o sanitarias.
De esta manera, el desarrollo comunitario se genera aquí a partir de una política que vehiculice una parte de la plusvalía producida para financiar todo un desarrollo industrial, educativo, asistencial, de investigación, etc., controlado por la base, que permita incidir en la comunidad concreta en forma de crecimiento económico, desarrollo de la autogestión y de la propiedad social, democratización de las estructuras comunitarias y promoción material, social, política y cultural. Además, la experiencia empírica nos está demostrando que la organización de la producción sobre una base cooperativa se revela como un vector de desarrollo regional endógeno y autodinámico, ayudando a desbloquear la capacidad creativa y el potencial humano de una zona determinada.
La flexibilidad
La flexibilidad deriva de una mayor identificación con la empresa por parte de los trabajadores/as de la economía social, que se concreta en la existencia de recursos específicos como la mayor disponibilidad de los/las trabajadores a aceptar las exigencias empresariales, la capitalización sistemática de los excedentes, etc. Las empresas de economía social son las únicas en el mundo en que se puede bajar los salarios al objeto de mantener los puestos de trabajo o enfrentarse a las exigencias de la coyuntura económica. No obstante esta flexibilidad tiene un doble aspecto, puesto que no debe pasar el límite que ubica a las/los trabajadores en la autoexplotación, por las connotaciones negativas que de ello se derivan para las/los propios trabajadores, para las empresas del entorno y para el conjunto de la economía social. Por lo tanto, esta flexibilidad, debe ser, a nuestro juicio, equilibradamente evaluada considerando tanto los aspectos negativos (autoexplotación) como los positivos (consolidación y desarrollo de la experiencia autogestionaria). Es también evidente que estos recursos permiten maniobrar a estas empresas para mejor adaptarse a las exigencias de competitividad que requiere el mercado en una situación de crisis.
La política industrial
La globalización capitalista mediatiza la naturaleza de la política industrial en las empresas autogestionarias. Dicho de otra manera, la diferencialidad de la economía social mediatiza aspectos importantes de esta política como la selección del producto elegido (prohibiendo algunas producciones y tratando de que se adapten a las necesidades sociales), la dimensión (poniendo límites sociales al crecimiento empresarial derivado de las imposiciones técnico-económicas), la utilización de la técnica (maximizando la utilización de los recursos humanos existentes), la opción tecnológica (elaborando tecnología propia y desarrollando nuevas formas de sinergia entre innovaciones sociales e innovaciones técnicas), el nivel de inversión (considerando las limitadas fuentes de financiación inherentes a la empresa autogestionaria), la evaluación del valor añadido (ubicando el límite de la autoexplotación y determinando la naturaleza del producto y proceso productivo elegido), etc. De esta manera, la implementación de una política industrial en las empresas autogestionarias exige un tratamiento específico y diferenciado.
La capacidad de mantenimiento y creación de empleo
La capacidad de la economía social para el mantenimiento y creación de empleo está ampliamente demostrada en todos los lugares. En este sentido, la economía social manifiesta una gran adaptación, estabilidad y resistencia a la crisis. Valga como exponente el hecho de que las cooperativas de producción se hayan sextuplicado en Europa Occidental desde la década de los setenta y que las Sociedades Anónimas Laborales hayan viabilizado en el Estado Español cerca de 70.000 puestos de trabajo, que la iniciativa privada había decidido eliminar. Ello se traduce en el mantenimiento de un patrimonio económico y tecnológico (que frena la tasa de paro, desarrolla servicios y mantiene el tejido industrial) y en la constatación de que (en un momento en el que la iniciativa privada ha hecho dejación de sus responsabilidades) una gran parte de los nuevos empleos han sido creados por empresas de economía social (con favorables efectos en el tejido económico de las economías locales y regionales).
La actitud de ofensiva socio-económica
Esta actitud ofensiva en el campo de la iniciativa económica es uno de los aspectos más novedosos en el análisis de la economía social; y ello en la medida en que ésta rechaza la pasividad y no acepta la lógica de la marginación. Así, la experiencia de la economía social frente a la crisis representa una alternativa de autoorganización y de supervivencia "ofensiva", que no se resigna a la situación (particularmente en las SS. AA. LL.) y que exige a la administración y a la sociedad medidas "económicas" y "socio-políticas" para solucionar su problema. Es importante considerar que esta línea de no resignarse a la marginación y pasar a la ofensiva en el terreno de la iniciativa socio-económica puede ser un referente para otros sectores afectados por el actual proceso de globalización: sectores de la economía sumergida, parados, mujeres, comunidades indígenas, etc., pudiendo tener considerables implicaciones económicas, sociales, políticas y culturales.
Los aspectos generales
Plantear las potencialidades y limitaciones de la autogestión en el contexto de la actual globalización exige también abordar algunas cuestiones de orden más general.